21 de octubre de 2010

Bustos. Infoética

Continuando con las reflexiones acerca de la infoética, ahora nos enfrentamos al texto de Eduardo de Bustos Metáforas de la individualidad moral y fundamentos de infoética.

Tal y como indica Bustos las TIC abren nuevos caminos a la reflexión ética al trasformar el acceso a la información, la producción del conocimiento y la vida social. Podemos considerar a estas TIC producen realidades nuevas, con lo que no las consideraríamos una extensión o ampliación de tecnologías previamente existentes. La diferencia primoridal consiste en una reconstitución del entorno humano, físico y social o lo que Floridi llama reontologización del medio en que se mueve el hombre. Desde esta dimensión, el análisis ético de las TIC no puede consistir en una simple aplicación analógica de análisis previos sobre otras realidades tecnológicas.

La singularidad de la infoética, frente a la compuética o ética de las computadoras, reside en que tiene como objeto una realidad no reducible a una realidad material al menos desde el punto de vista moral. Hay tres posturas fundamentales en cuanto a la validez de esta singularidad.

Las posturas contrarias a esta singularidad son defendidas por los tradicionalistas para los cuales los delitos siguen siendo los mismo y sólo cambian las circunstancias. En consecuencia se podrían utilizar las categorías morales tradicionales para analizar estas cuestiones.

Por su parte la postura de los partidarios de la singularidad de la infoética no es uniforme, hay variedad de matices. Por un lado, parecen proponer una ampliación ontológica, en el sentido de una integración conceptual de las nuevas realidades morales ligadas a las TIC y, por otro, una modificación radical de las teorías éticas para hacer frente a los problemas planteados por esas nuevas realidades. Un ejemplo pertinente es la aparición de nuevos valores, ligados a una reorganización conceptual de realidades existentes o novedosas, como es el caso de la ética medio ambiental o ecológica. La dificultad de los partidario de la admisión de nuevos objetos éticos es que lleva aparejada no solamente una extensión en la aplicación de valores tradicionales morales, sino también la aparición de valores emergentes.


Por último también es defendible la tesis de que, incluso adscribiendo a nuevos objetos la posibilidad de ser objeto de consideración moral, las teorías éticas tradicionales son perfectamente capaces de asimilar esa extensión del ámbito de lo moral.

De estas tres posibilidades Floridi opta por la reconsideración radical de los problemas éticos ligados a las TIC, al considerar que las teorías éticas tradicionales son insuficientes. El sesgo de las teorías éticas tradicionales hacia la acción humana da lugar a una antropomorfización en la ética de los computadores que conduce a la conceptualización de los artilugios tecnológicos (ordenadores, programas...) como agentes morales, como sujetos de responsabilidades morales.

En un caso prototípico un agente moral, que es un ser humano, realiza una acción que tiene consecuencias para un conjunto de pacientes, que son también seres humanos. En ese caso son perfectamente distinguibles los componentes de la situación. Pero Floridi afirma que las situaciones en las que intervienen las TIC no se ajustan necesariamente a ese esquema conceptual. En primer lugar porque el agente moral puede ser un objeto no humano o un sujeto distribuido (un conjunto de individuos, o una mezcla de individuos y artilugios tecnológicos, que como tratamos en una entrada anterior podríamos denominar ciborgs). Y en segundo lugar porque la acción moral efectuada tiene una naturaleza o carácter complejo que hacen que se difumine sus contornos de definición o de percepción para los que participan en ella.

Por todo esto Floridi buscó inspiración en otras éticas al margen de la tradicional como son la ética médica, la bioética y la ética medioambiental o ecológica, cuyos horizontes eran más amplios y desplazaban el centro de la reflexión del sujeto moral al paciente moral.
Y sobre esta base formula dos exigencias: la primera es la exigencia de incluir en el ámbito de los agentes y pacientes morales todo tipo de objetos, los objetos informacionales junto con los seres humanos; la segunda sería la recategorización estricta de los sujetos morales, debido a que los objetos de información, en cuanto tales, pueden tener un valor moral intrínseco.

Una de las críticas inmediatas a esta posición de Floridi es la de panmoralismo: si todo componente de la realidad es objeto de información, entonces todo lo real merece un respeto moral y puede ser paciente de una acción moral. La definición de objeto de información es tan general, tan omnicomprensiva que, en realidad, sólo los objetos ilógicos no son objetos informacionales.


Se supone que la infoética es una ética no humanista, en el sentido de ser una ética no antropocéntrica, de no centrar en el individuo los valores morales. Pero, así concebida, la primera crítica que se puede hacer a tal ética tiene poco que decir respecto a las acciones morales concebidas en términos tradicionales, prototípicas:
  1. Los objetos informacionales pueden ser pacientes morales pero sólo una parte de ellos pueden ser agentes morales.
  2. Si se equipara la noción de mal, y el correspondiente deber moral de evitarlo con alguna noción de entropía, habría dos consecuencias en cuanto a la división de la infosfera en agentes y pacientes morales:
  • No todos los pacientes morales pueden ser responsabilizados por la existencia de un mal moral (entropía). Sólo los seres humanos conscientes pueden voluntaria e intencionalmente causar el tipo de mal propiamente moral.
  • Aunque los únicos responsables de un mal moral sean los seres humanos conscientes, no todo mal en ese ámbito les es imputable. Sólo un ser consciente podría ser considerado responsable de cualquier alteración en la entropía ejercida por su mano.

Por último en las éticas tradicionales la normatividad moral adopta una doble forma, de derechos y deberes. En la infoética de Floridi aparecen los derechos, pero tales derechos no generan deberes para cualesquiera objetos informacionales sino sólo para los seres humanos.

Las críticas y reflexiones de Bustos sobre Floridi me parecen bastante acertadas ya que las propuestas de este filósofo italiano resultan un poco exageradas al querer predicar de cualquier objeto existente de la realidad una naturaleza moral. Es muy loable por su parte que tenga en cuenta a todos los seres vivos e incluso inanimados, en la línea ecológica, pero de ahí a llegar a considerar que todos los entes son tanto agentes como pacientes morales me parece algo exagerado. La dimensión moral me parece que es una característica humana y que el resto de seres u objetos informacionales con los que compartimos existencia, merecen respeto moral por nuestra parte pero nada más que eso. Otra cosa sería decir que los agentes morales en el contexto de la infoética son en realidad ciborgs más que seres humanos, al unirse en un sólo concepto o ente los seres humanos y las tecnologías.


Fuente imágenes: omegaalpha99.wordpress.com