19 de octubre de 2010

Ciborgs

El video Cyborgs: Fictions, Metaphors and Realities trata sobre el concepto de ciborg.

En general se denomina ciborg a cualquier ser cuya constitución sea en parte orgánica y en parte mecánica. Y todos pensamos en seguida en alguna que otra película de ciencia-ficción. Sin embargo, según esta definición una persona que lleve marcapasos o gafas podría fácilmente ser considerada un ciborg. Pero la cosa no queda ahí ya que unos cuantos teóricos han estado extendiendo este concepto en diversos sentidos. De esta manera consiguen que la etiqueta de ciborg se pueda asignar no sólo a una serie de personas que suplen unas determinadas necesidades con tecnologías de diversa índole, sino a cualquier ser humano.


En primer lugar está Donna Haraway, la autora del Manifiesto Ciborg: Ciencia, Tecnología, y Socialismo-Feminista que fue publicado en la década de los 80. Este texto pasó a ser uno de los documentos fundacionales de lo que más tarde se conocería como la teoría del género. En este texto podemos encontrarnos con frases significativas como las que reproduzco a continuación:

"Según el manifiesto un ciborg es un organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo, una criatura de realidad social y también de ficción."
"Todos somos quimeras, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo; en unas palabras, somos ciborgs."
"La imaginería del ciborg puede sugerir una salida del laberinto de dualismos en el que hemos explicado nuestros cuerpos y nuestras herramientas a nosotras mismas."


En realidad los ciborgs son unos organismos cibernéticos inspirados en la ciencia ficción, pero Haraway los toma para exponer las teorías de género y la teoría queer. "Queer" significa literalmente "raro" en inglés y se utilizaba como un insulto (marica o bollera) contra los individuos que se encuentran en los márgenes de la sexualidad dominante pero ha sido retomado por quienes recibían ese insulto.
Las ideas queer vienen a decir que un ser humano nace y en función de sus cromosomas y genitales se le asigna una de las dos categorías posibles: hombre o mujer. Esta asignación conlleva además un pack que le acompañará el resto de su vida que contiene desde una clase determinada de ropa hasta un set de valores, que son diferentes para cada categoría. Nos quieren hacer pensar que estas casillas son diferentes y opuestas. En ese contexto estos seres están llamados a atraerse, reproducirse y perpetuar la especie. Pero no es tan simple, ya que ese planteamiento se cumple en algunas personas pero no en todas. Por eso Haraway aprovecha el concepto de ciborg para aplicarlo a todas las personas que no encajan en las casillas convencionales de identidad sexual.

Haraway no es la única que le da una nueva perspectiva y aplicación a esta idea de híbrido. Andy Clark considera que somos lo que él llama "natural-born cyborgs" basándose en conceptos como "mente extendida" que considera que la mente no se limita a lo que hay dentro del cráneo, a nuestro cerebro biológico sino que va más allá incluyendo el medioambiente. Esto significa que una persona cualquiera por ejemplo para escribir un comentario como este, habrá tomado en parte ideas ajenas, habrá utilizado un lenguaje fijado por unas instituciones culturales y el conjunto de todo ello ha dado como resultado el post. Supongo que Clark quiere decir que el hombre construye aprovechando el estado de la cultura de la especie, cada persona que nace no tiene que empezar de cero inventando la rueda otra vez.

Todos estos autores dejan bastante claro que la palabra ciborg no puede seguir remitiendo exclusivamente a la ciencia ficción.
No es necesario que tengamos físicamente un implante en nuestro cuerpo para considerarnos ciborgs. El hecho de utilizar y en algunos casos se podría decir que casi vivir en el ciberespacio e inmersos en las nuevas tecnologías nos convierte en ciborgs.
Recientemente he visto una película documental titulada "El gran silencio", que muestra la vida en un monasterio de monjes cartujos en los alpes franceses. Esta orden monástica vive en silencio, sin lujos de ningún tipo y eso incluye, claro está, las TIC. La verdad es que no me imagino a mí misma ni a ninguna de las personas de mi entorno viviendo así hoy. Y si lo intentásemos seguro que nos sentiríamos casi como si nos faltase algún órgano. Así que definitivamente creo que sí, ya somos ciborgs.